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Por qué hacer visitas gratuitas no es terapéutico

El otro día estaba hablando con una colega y le explicaba nuestro recorrido en Neuroespai. Cuando montamos el centro en 2014, lo hicimos con mucha ilusión, con muchas ganas y, ¡con muchas dudas! Desde entonces hemos ido creciendo, tanto a nivel de tratamientos como de profesionales que trabajamos conjuntamente.

Una de las cuestiones más importantes a la hora de ofrecer servicios es la publicidad, sin duda. Está claro que centros de psicoterapia y psicoterapeutas hay un montón en Badalona y para poder darnos a conocer cometimos algunos errores de los que hemos aprendido con el tiempo.

Está claro que en la carrera no te preparan para ser terapeuta (ser terapeuta tiene un recorrido mucho más largo y elaborado) y mucho menos para gestionar el papeleo de los autónomos a cualquier nivel (trabajando individualmente en una consulta o colaborando con otros profesionales).

El resultado de todo esto es que cuando se empieza un proyecto nuevo se cometen muchos errores y hoy me gustaría hablaros del error de las sesiones gratuitas.

 

Vengo a probar

Al principio, la solución más directa para acercar a nuestros primeros pacientes a consulta fue ofrecer la primera sesión gratuita pero el resultado de esta práctica fue bastante desastroso. Nos encontrábamos con personas poco implicadas en el tratamiento, que venían a ver qué era la psicoterapia por curiosidad y no tenían más interés en trabajar a nivel personal o pactar una continuidad con el terapeuta.

También está la modalidad de buscar una primera visita gratuita porque “no tengo nada que perder” y como no estoy muy convencido, al contemplarlo como un “voy a ver”, decido no continuar pero “yo ya lo he intentado”.

La realidad es que hacer terapia no es un pasatiempo. Hay que estar seguro, hay que tener ganas y hay que establecer un buen equipo de trabajo entre paciente y terapeuta. Al final resulta ser una gran inversión de tiempo, esfuerzo y dinero. Con sus pro y sus contras, con sus altos y sus bajos. Entre las dos partes.

Es cierto que en nuestra profesión, a veces, pecamos de “superterapeutas” y nos encontramos con más ganas de ayudar que el paciente de ser ayudado. Esto no funciona, de verdad. Necesitamos al paciente decidido a trabajar, no sirve hacerlo en su lugar.

 

En busca del milagro

Si contamos con que algunas personas buscan terapia para solucionar su problema con “la fórmula secreta”, “la pastilla milagrosa” o “la varita mágica”…el resultado es primera visita gratuita y como no he conseguido “resolver mi problema”, no vale la pena volver.

Si pudiera hacer un chiste diría: “Si fuésemos capaces de ofrecer soluciones milagrosas con una sola visita, tendríamos que cobrar la sesión a 600€, mínimo!”.

A partir de este punto, os puedo contar que cada paciente es un mundo y que a veces con 2 sesiones se puede llegar a desbloquear un conflicto que permita a la persona continuar con su vida de manera satisfactoria. Que también me encuentro con personas que requieren una preparación y una dilatación del tiempo para poder ayudarles y que en ocasiones me he encontrado a personas que en la primera visita hemos estado de acuerdo con que en realidad el problema que le trae a consulta es que hay otra persona más interesada que él/ella en que haga terapia por lo que hemos podido reformular la intervención y si ha sido posible, invitar a la otra persona (típica situación de “mi padre me dice que tengo que hacer terapia”, “vengo porque mi pareja me ha dado un ultimátum”, etc) para ajustar la intervención.

 

Profesionalidad ante todo, por favor

Yo me siento muy afortunada de trabajar con profesionales comprometidos, que les encanta lo que hacen, cuyo objetivo principal en su trabajo es ayudar a las personas de la manera más honesta, sincera y cualificada que saben.

Esto os lo cuento porque dentro y fuera de sesión hay un montón de procedimientos que el paciente desconoce pero que resultan fundamentales para el éxito terapéutico. Todos los profesionales que trabajan conmigo en Neuroespai han hecho una carrera, una especialización de largo recorrido y todos nos dejamos la piel para poder atender adecuadamente a las personas que recurren a nosotros. Si ofrecemos sesiones gratuitas, en realidad estamos restando valor a todo ese trabajo que hay detrás de una hora de terapia y que en nuestra labor resulta fundamental e inevitable.

 

Compromiso y eficacia

Además, nosotros trabajamos en equipo y uno de los valores añadidos que ofrecemos es el compromiso de la eficacia terapéutica. Nuestra filosofía es que si después de algunas sesiones no hemos conseguido los cambios esperados, derivamos el caso a otro compañero (esto normalmente se especifica en la primera sesión), a otro servicio o a otro profesional.

No hay nada más frustrante para el paciente y el terapeuta que pasar sesiones y sesiones sin ver cambios o mejoras relacionadas con el motivo de consulta principal. Parece una tontería, pero el precio de la visita nos aprieta hacia la búsqueda y la consecución de la ayuda que precisa el paciente. Sin ánimo de ofender a nadie, nuestro objetivo no es pasar sesiones y sesiones durante años. Es decir, para nosotros es fundamental no perder ni nuestro tiempo, ni el tiempo y dinero del paciente. Si nuestro objetivo es ayudar a la persona a crear y/o desarrollar herramientas propias, cronificar el tratamiento sería caminar en el sentido opuesto.

En mi experiencia me he encontrado todo tipo de circunstancias, por supuesto. Pero salvo en situaciones de pobreza o precariedad (que también me las he encontrado), el dinero no es la causa más importante para que una persona no pueda hacer terapia (¡creedme!). Muy resumidamente, puedo decir que hay mil fórmulas que se pueden hablar y pactar con el terapeuta, siendo lo más importante el compromiso.

 

Evidentemente que yo respeto otras maneras de funcionar y en realidad, cada psicólogo, cada centro, cada profesional pone un precio a lo que hace (y esto no está regulado al 100% por la ley, es como una regulación natural de oferta y demanda), según su criterio. Yo creo que amar lo que hacemos y comprometernos al 100% con nuestros pacientes es la garantía más segura que podemos ofrecer para que la terapia funcione (y gratis, sería inviable).

 

Amalia Muñoz (Directora de Neuroespai)

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