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Las 4 claves para sentirse feliz según la neurociencia

Hoy en día en internet encontramos todo tipo de consejos y trucos para ser feliz de gente que no tiene ni idea. No te fíes. De hecho, no te fíes tampoco de nosotros, ¡fíate de los neurocientíficos! Los neurocientíficos son esas personas que estudian todo tipo de fenómenos del cerebro: la forma, las estructuras, las funciones, las conexiones entre estructuras, etc.

Estas son las verdades sobre la felicidad de las que podemos aprender todos (de los que sí que saben!):

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. La pregunta importante que hay que hacerse cuando uno está triste.

Y es que a veces parece que al cerebro le gusta estar “rayado”.

Aunque parezca mentira, la vergüenza y la culpa activan las vías de la recompensa. Además, a corto plazo, preocuparse es bueno para el cerebro, ya que al menos, se “hace algo” con los problemas.

Por supuesto, preocuparse, sentir vergüenza y culpa a largo plazo son estrategias terribles. Con respecto a esto, ¿qué proponen los neurocientíficos?

La siguiente pregunta: ¿Qué cosas me hacen estar agradecido? Parece ser que la gratitud es curativa y tiene efectos demostrables en el cerebro. El efecto es comparable al que promueven los antidepresivos, que promueve la acción de la dopamina y la serotonina.

Es cierto que a veces la vida te da palos enormes y es muy complicado encontrar algo por lo que estar agradecido pero, ¿sabes qué? No importa que no haya nada, es la búsqueda lo que cuenta. Buscar la gratitud es una buena estrategia de inteligencia emocional.

Si te encuentras en el fondo del pozo y no hay ni un solo rayo de luz…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Ponle nombre a lo negativo

Te sientes horrible. Bien, dale un nombre a eso que sientes. ¿Tristeza? ¿Ansiedad? ¿Rabia?

Así de simple, parece una tontería pero reconocer las emociones reduce el impacto que tienen sobre nosotros. Tratar de suprimir las emociones no funciona. NO, NO FUNCIONA. Además, intentar suprimir sentir emociones sólo porque no nos gustan puede tener el efecto contrario y suscitar aún más el efecto emocional.

Quizás no te sientes mal pero estás preocupado y hay algunos asuntos que te provocan estrés. Darle vueltas no los soluciona…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Toma esa decisión

¿Alguna vez has tomado una decisión y por fin tu mente ha descansado? No es casualidad. Las neurociencias han demostrado que tomar decisiones reduce las preocupaciones y la ansiedad.

Resulta que tomar decisiones incluye crear nuevos escenarios y establecer objetivos. Estas tres funciones forman parte del mismo circuito neuronal establecido en el corte prefrontal y cuando se pone en marcha reduce el estrés y las preocupaciones. Además, tomar decisiones cambia la percepción de las situaciones, encontrando soluciones al problema y calmando la actividad del sistema límbico (estructura cerebral que alberga el sistema emocional).

Es cierto que tomar decisiones es una tarea complicada. Entonces, ¿qué tipo de decisiones hay que tomar para que no se convierta en un bucle de indecisión?

La respuesta que nos ofrecen los neurocientíficos es: Toma la decisión “suficientemente buena”. No sufras buscando la solución perfecta. Sabemos que convertirse en perfeccionista es estresante y sobrepasa las capacidades del cerebro, sobre-activando el sistema emocional y haciendo parecer que se está fuera de control.

Tomar decisiones suficientemente buenas hace sentir a la mente en control y, además, activa el circuito de la recompensa, incrementando los niveles de dopamina.

Bien, ser agradecido, etiquetar emociones negativas y tomar más decisiones son cuestiones que resolvemos de manera individual. Parecen prescripciones muy solitarias! Teniendo en cuenta que el ser humano ha desarrollado el ser social como un método robusto de supervivencia, nos falta el contacto con los demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Mantén contacto físico con las personas.

De alguna manera, los seres humanos buscamos la aprobación, la aceptación y el cariño de los demás. No tener esto resulta doloroso. Los neurocientíficos han hecho estudios que muestran que el cerebro responde a la percepción de rechazo y exclusión social con dolor físico. Es decir, activando las mismas zonas del cerebro que se activan cuando se procesa el dolor físico.

Las relaciones entre las personas son muy importantes para sentir momentos de felicidad. El siguiente nivel de sensaciones es tocar a las personas. No estamos hablando de tocar de cualquier manera a cualquier persona. Con las personas que no conocemos, pequeñas dosis de dar la mano o una palmada en la espalda provocan este efecto. Con las personas más cercanas, abrazar, coger la mano, besar incrementa el efecto. Además, tocar a personas que queremos reduce el dolor.

Los estudios hablan de dar 5 abrazos al día para incrementar la sensación de felicidad. Incluso ofrecen una solución si esto no es posible: ir a que te hagan un masaje. Darse un masaje incrementa los niveles de serotonina un 30%, rebaja el estrés, reduce el dolor, mejora el sueño y aumenta los niveles de dopamina.

 

¡Ah! Un detalle importante: los mensajes de texto y el contacto virtual no sirven El efecto no se puede comparar al de acercamiento real para generar estos efectos.

 

Esperamos que esta información te haya servido de ayuda.

Recuerda:

-Pregúntate por qué te sientes agradecido. No importa que no encuentres nada, es buscar lo que sirve.

-Etiqueta tus emociones negativas.

-Toma decisiones. Suficientemente buenas, no “la mejor decisión de la historia”.

-Abraza. No envíes whatsapp!

 

Si tienes dudas, en Neuroespai podemos guiarte para encontrar tu manera de sentirte feliz.

Amalia Muñoz (Directora y Psicóloga Neuroespai)

Fuente: Barking up the wrong tree Blog.

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