Los ictus, tanto isquémicos como hemorrágicos, producen déficits cognitivos y sensoriomotores. En el caso de las isquemias las afectaciones neuropsicológicas son más localizadas, mientras que las hemorragias tienen  efectos más amplios y difusos.

 

LOCALIZACIÓN DE LA LESIÓN

Es muy importante diferenciar la localización de la lesión, ya que según  la zona afectada podrán aparecer unos síntomas u otros:

  • Una lesión en el hemisferio izquierdo puede traducirse en trastornos de lenguaje (Afasias y otros trastornos)
  • Una lesión en el hemisferio derecho puede desencadenar trastornos espaciales y visuo-perceptivos.
  • Lesiones en los lóbulos frontales pueden desarrollar alteraciones de las funciones ejecutivas del comportamiento.
  • Lesiones posteriores producen un deterioro del reconocimiento visual (Agnosias visuales).
  • Lesiones límbicas y paralímbicas se traducen en amnesias y alteraciones de memoria.

No obstante, como consecuencia de un ictus todas las funciones cognitivas pueden verse afectadas, provocando déficits atencionales, falta de conciencia del déficit, desorientación, agnosias, trastornos de lenguaje (afasias), alteraciones de memoria, disfunción ejecutiva, alteraciones conductuales, etc.

Además, sufrir este tipo de accidente cerebrovascular ocasiona un impacto psicológico sobre el paciente, siendo las manifestaciones depresivas y de ansiedad los trastornos más habituales.

 

REHABILITACIÓN NEUROPSICOLÓGICA

La rehabilitación neuropsicológica resulta ser imprescindible en el tratamiento neurorrehabilitador de una persona, ya que facilita la reintegración del sujeto en su ambiente familiar, laboral y social.

Como objetivo se propone reducir el impacto que las condiciones discapacitantes producen, de modo que se mejore o compensen las alteraciones provocadas por la lesión cerebral contrarrestando las limitaciones funcionales e impulsando las capacidades preservadas de la persona para desenvolverse en las actividades de la vida diaria.

No obstante, la rehabilitación neuropsicológica también va dirigida a los familiares para que aprendan a vivir y sobrellevar los déficits cognitivos resultantes de la lesión cerebral de su familiar, lo que ayudará a éste a optimizar la recuperación de sus funciones superiores y a ser más consciente de sus limitaciones, desarrollando posteriormente estrategias que las compensen.

El neuropsicólogo utiliza diversas técnicas de evaluación para conocer las distintas funciones cognitivas que han sido afectadas tras el impacto del daño cerebral, valorando los puntos débiles más afectados y los puntos fuertes mejor preservados para posteriormente preparar programas de rehabilitación específicos para cada paciente de forma individualizada. Así, un programa rehabilitador deberá incluir, entre otras cosas, un diagnóstico neuropsicológico, el establecimiento de la repercusión del deterioro en la vida del paciente, orientación en la toma de decisiones, establecimiento de un programa de intervención individualizado, orientación a la familia en el manejo del paciente, medición y valoración de la evolución de los déficits, etc.